El ángel de Burundi
“Por favor, dejen de llorar por los africanos, dejen de vernos siempre como víctimas eternas y no nos cierren la puerta a la esperanza”. Quien así habla es una extraordinaria mujer africana nacida en una aldea de Burundi a quien la revista Mundo Negro, editada por los misioneros combonianos, ha concedido el Premio Fraternidad 2008. Marguerite Barankitze, más conocida en su país como “Maggy”, pasó por Madrid el pasado mes de enero para recoger un galardón que reconoce su incansable lucha contra el odio étnico que asola su país, uno de los más pobres del mundo.
El testimonio de esta mujer soltera, de 52 años y madre de siete niños adoptivos –cuatro de etnia hutu y tres tutsis–, que ha hecho de su vida una auténtica cruzada contra la violencia, conmovió a los asistentes. Maggy, sin perder la sonrisa, recalcó que no venía a contar “las miserias de África” y que jamás se resignaría ante la crueldad y la injusticia. Y son muchas las miserias y atrocidades que esta mujer, perteneciente a una acomodada familia de la etnia tutsi, podría contar. Durante décadas ha asistido impotente a la guerra fraticida entre las distintas etnias que habitan este pequeño país del Africa central. Pero fue en octubre de 1993, tras al asesinato del presidente burundés Ndadaye, cuando su vida dio un vuelco inesperado. Maggy trabajaba como secretaria en el arzobispado de Ruyigi y había ocultado a un centenar de hutus que huían de las matanzas. Un día llegaron las milicias tutsis y, aunque intentó dialogar con ellos, fue acusada de traidora. La insultaron, la apalearon y la ataron a una silla, obligándola a contemplar como prendían fuego al edificio y asesinaban delante de ella a 72 personas. Al día siguiente, tras enterrar a los muertos, recordó las últimas palabras de una de aquellas mujeres antes de perecer bajo el machete: “Cuida de nuestros hijos, Maggy”. Sin dinero, sin un lugar donde ir, consiguió rescatar del incendio a 20 niños y fundó en Ruyigi un centro de acogida al que fueron llegando cientos de huérfanos, hutus y tutsis, mientras la guerra se recrudecía en Burundi. A pesar de las amenazas y de haber salido ilesa de varios atentados, Maggy piensa seguir dedicando su vida a los niños víctimas de la guerra. Llevada por su fe inquebrantable en Dios, asegura que el amor es invencible y que la violencia es el arma de los débiles.
P. D.: Tras la matanza en el arzobispado de Ruyigi y con los pequeños que consiguió salvar de las llamas, Maggy fundó un centro de acogida al que llamó “Maison Shalom” (casa de la paz). Hoy más de 10.000 niños tutsis y hutus están bajo su tutela en esta ONG donde sólo se habla de paz y perdón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Hola, Kaixo, hello, ola, ciao, hallo, ni hao, As-salaam-aleykum, Shalom,