Y llegó la oscuridad...

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jueves

Haití: cólera y olvido. por Fran Sevilla

La primera idea que se le viene a uno a la cabeza es que debe haber algún tipo de maldición, que no es posible que tanto mal, tanto dolor, tanta muerte se acumulen en un tiempo y un espacio tan reducidos. Pero luego uno tiene que pensar, que racionalizar, que buscar explicaciones. Porque hace tiempo que uno es consciente de que las maldiciones no caen del cielo por arte de magia, como efecto de una condena de los dioses. No se trata de una maldición ineluctable, algo tendrá que ver el mundo que entre todos damos forma día a día.
Haití se enfrenta de nuevo a eso que ya sabemos: el mal, el dolor, la muerte. Y a uno le da por preguntarse cómo es posible. Uno se pone a desbrozar la idea inicialde la maldición para tratar de entender qué hay detrás. Y detrás sigue habiendo el abandono, la indiferencia, el olvido. Hace nueve meses el mundo parecía volcarse, como pocas veces antes, en paliar los efectos de un devastador terremoto. Pero este largo parto ha servido para poco.
A día de hoy, nueve meses después de aquel clímax de la solidaridad, apenas queda nada. Y no es porque no haya gente solidaria, y no es porque no haya ONG,s que no se hayan volcado, y no es porque no se haya explicado; es porque vivimos en un mundo en el que sólo sabemos poner parches respondiendo a golpes mediáticos, sólo se atiende a las coyunturas, siempre pasajeras, y no se hace hincapié en las estructuras.
Y en el mundo de las estructuras, en el mundo de las geoestratégicas, Haití apenas cuenta. La cantidad de dinero invertida o donada para salvar a Haití de las catástrofes, la catástrofe del terremoto y la catástrofe de su historia, es ridícula comparada con la inversión de euros o de dólares en salvar a la banca europea o a la banca estadounidense, por poner un ejemplo. En este mudo al revés en el que vivimos, en el que malviven millones de seres humanos, la prioridad no es apuntalar la vida sino proteger los beneficios. Provoca sonrojo leer las cifras que se barajan por ventas de armamento en los últimos días, ya sea de Rusia a Venezuela, de Estados Unidos a Pakistán o de España a Arabia Saudí.
El cólera en Haití es una consecuencia del mundo descorazonador en el que vivimos; la cólera que uno siente es la consecuencia de la impotencia y la rabia. Pienso en las viñetas de Forges, en las que un día tras otro, desde hace nueve meses, llevan impresas la consigna “Pero no te olvides de Haití”. A quienes tienen la capacidad y la obligación de no olvidar se les ha olvidado.
fran.sevilla@rtve.es

1 comentario:

  1. La memoria es frágil y además ...ya no interesa tanto que aparezcan en las primeras portadas de las noticias....
    Dicen que el año pasado fuimos mas solidarios aun con crisis, me alegra muchísimo saberlo pero mi experiencia me dice que a la gente le cansan las desgracias..al principio el pavor el impacto las mueve pero luego se aburren....como de casi todo...
    Parezco pesimista pero es lo que creo...y Haití sufre el cólera como consecuencia de su desgracia otra mas...me pregunto como se distribuyen las penas en el mundo...como llueven..que tonteria verdad?? pero me vino y no pienso borrarlo porque aqui me siento como en mi blog....
    A ti mi hada te dejo un montón de besitos en esta noche que hay tanto viento y tanta lluvia....tanto frio como habita en el corazón de tantas personas....menos mal que confío en el ser humano aún..y la luz siempre siempre ilumina a las sombras...muakkkkkk
    Leha

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