Ratko Mladic no está dispuesto a perder la arrogancia que durante tantos años hinchó su uniforme de general. Ni siquiera ayer, que se sentó por primera vez en el banquillo del Tribunal para la Antigua Yugoslavia y donde pretextó sus achaques para retrasar el juicio.
Estoy enfermo dice el ''venerable ancianito'' si,está enfermo, de prepotencia,arrogancia y maldad.
Ya me gustaría a mí que fuese juzgado en Irán.............
Escuchó imperturbable la lectura de las once acusaciones y solo al llegar a la de asesinato de 8.000 niños y adultos en Srebrenica esbozó un gesto parecido a la negación.
Mladic aseguró desconocer las «monstruosas y repugnantes acusaciones», con la misma frialdad insincera que recuerdan las grotescas secuencias filmadas del general atravesando la ciudad bosnia después de su caída, dando caramelos a las mujeres y a los niños aterrorizados, acariciando la cabeza de un chico, mientras le decía que no se preocupara porque iba a estar a salvo, cuando ordenó que le ejecutaran a los pocos instantes.
La televisión Al Jazeera ilustró su comparecencia con imágenes de las víctimas, que no solo recordaron que su demanda de justicia está tan viva como el primer día, sino que reivindicaron un test crucial para el propio tribunal.
Su decisión debe mandar una potente señal, de que los acusados de crímenes contra la Humanidad pueden correr pero no esconderse para siempre.
Al fin y al cabo, La Haya es el único organismo capacitado para tomar la temperatura de estos asesinos patológicos, ausentes de compasión, y la única justicia capaz de hacer que paguen por lo que hicieron, lejos de toda emotividad que influya en sus decisiones.
Otra cosa es la incomparable desproporción entre sus crímenes y la condena, y que se llame justicia a la que se dicta dieciséis años después de cometidos los delitos.
El derecho es la más bella invención del hombre contra la equidad, decía Delavigne.
Su decisión debe mandar una potente señal, de que los acusados de crímenes contra la Humanidad pueden correr pero no esconderse para siempre.
Al fin y al cabo, La Haya es el único organismo capacitado para tomar la temperatura de estos asesinos patológicos, ausentes de compasión, y la única justicia capaz de hacer que paguen por lo que hicieron, lejos de toda emotividad que influya en sus decisiones.
Otra cosa es la incomparable desproporción entre sus crímenes y la condena, y que se llame justicia a la que se dicta dieciséis años después de cometidos los delitos.
El derecho es la más bella invención del hombre contra la equidad, decía Delavigne.
Un grupo de mujeres de Srebrenica sigue por la televisión el juicio en La Haya al ex general Mladic.
La crueldad es la fuerza de los cobardes.


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