El Papa se presentará en Madrid el próximo jueves.
Allí se encontrará con los jóvenes cristianos.
Vienen de todas las partes del mundo.
De hecho, ya están llegando desde hace días.
Los organizadores estiman que superarán el millón de personas.
Los meteorólogos avisan que van a pasar calor. En las mochilas que está previsto repartir a los asistentes se incluirán, además de importantes dosis de fe y entusiasmo, unos bonitos abanicos y un pequeño botiquín de urgencia para paliar los golpes de calor. La Conferencia Episcopal calcula que el coste aproximado de esta Jornada Mundial rondará los 50 millones de euros. Al parecer, no hay discrepancias en torno a esa cantidad. Sí las hay, en cambio, respecto a quién la va a pagar. Fernando Giménez Barriocanal, director financiero del evento, afirma que «no costará ni un euro al contribuyente». Otros medios aseguran que entre las distintas administraciones del Estado pagarán (en seguridad, sanidad y transporte), la mitad del total. Y hay quien denuncia además que las empresas patrocinadoras obtendrán beneficios fiscales de un 80%. En fin. Como decía el entrañable personaje de Woody Allen en 'Si la cosa funciona': «¡Hay mucha pasta en el tinglado de Dios, mucha pasta!». En principio, claro, no hay nada censurable (convengámoslo así, aunque sería discutible) en que un líder religioso se dirija públicamente a sus prosélitos y estos le aplaudan y le aclamen en las calles. El encuentro en sí tiene algo de exhibición deliberada. Se le podría achacar falta de discreción. E incluso habrá quien considere una inoportunidad y una falta de delicadeza hacer este tipo de ostentaciones en unos momentos tan duros económicamente. Pero así es el mundo en que vivimos: todo se mide en función de su capacidad para acaparar la atención de los medios. Y si se logra, no es necesario dar explicaciones: se considerará un éxito y ya está. Eso lo absuelve todo. No obstante, hay gente que sí reflexiona. Y algunos que lo hacen con independencia. La otra noche, tomando una cerveza en una terraza, un amigo decía con cierta calma: dediquemos cinco minutos a pensar en la fortuna de la Iglesia. Y otro recordó aquel viejo monólogo de Gila en el que, después de contar su visita al Vaticano, exclamaba ingenuamente: «¡Vaya negocio que se han montado! ¡Y empezaron con un pesebre!». La fortuna de la Iglesia es imposible de medir. ¿Cómo valorar la Capilla Sixtina? ¿Cuánto vale una catedral? Es el mayor terrateniente del mundo occidental. Sus propiedades inmobiliarias son inimaginables. Posee la segunda reserva de oro de todo el mundo. Por no hablar de sus inversiones en Wall Street. La Iglesia habla de caridad y de amor a los niños de Somalia y a los pobres. Pero, ¿acaso se le puede exigir a la Iglesia que sea coherente con la humildad y el amor que predica?
Es otro de los muchos errores que acumula esta iglesia desgastada y obsoleta...el predicar, el señalar con el dedo a todos los fieles y por supuesto no fieles y examinar sus conciencias para salvaguardar las suyas propias...pero lo peor de todo es que se creen que tienen el derecho a esos privilegios que son incuestionables e intocables...La iglesia sigue teniendo el poder del dinero..y eso no lo va a soltar nunca..los que conforman la iglesia son tan humanos y con las mismas miserias o más..que aquellos que acuden a sus iglesias..que yo sepa nada tiene que ver las palabras de la Biblia con su día a día...aqui cada uno interpreta como le conviene y esto es un negocio puro y duro que va a enriquecer a los de siempre..ellos incluidos....y aqui no incluyo a aquellos que en nombre de ese mismo Dios arrean y se marchan a ayudar donde haga falta en misiones de paz, o aquellos sacerdotes que arriesgando su vida llevan su fé al último rincón del mundo....pero esta visita papal...en mi opinión...y en estos momentos..se la podían y nos la podíamos ahorrar muy a gusto..
ResponderEliminarMuchos besitos con alas para ti mi hada...muakkkkkk